Recientemente el Ministro de Obras Públicas, Hernán de Solminihac, ha anunciado la licitación de una nueva autopista urbana para Santiago, la denominada Costanera Central, que unirá la ruta 5 a la altura de Isabel Riquelme, pasando por el Zanjón de la Aguada hasta llegar a Av. La Florida, para luego enfilar por esta arteria hasta Puente Alto. La autoridad anuncia ahorros de tiempo del orden del 65% y con ello promueve esta obra como una acción en pro de la descongestión de Santiago. Los montos a invertir son del orden de los 1.200 millones de dólares, incluido un subsidio del Estado para obras anexas a la autopista propiamente tal.
Estas decisiones del Estado siguen una línea similar a la de los anteriores Gobiernos, ya que desde el Gobierno de Ricardo Lagos en adelante, las autopistas urbanas han sido construidas continuamente y siempre bajo el mismo lema “obras que ayudan a descongestionar Santiago”.
Cualquier análisis al respecto, efectuado sobre cifras y experiencias serias, entrega como resultado que el aumento de la infraestructura vial en zonas urbanas implica en el mediano y largo plazo un aumento de la congestión vehicular. ¿Como sucede esto?, muy simple, los automóviles producen 11 veces más congestión que los buses, ya que transportan 11 veces menos personas en promedio. Luego, sí se construyen más autopistas para automóviles, la gente desea tener más automóviles para no usar los buses, las tasas de crecimiento vehicular se disparan y al poco tiempo las flamantes autopistas están congestionadas. La panamericana entre la salida Dgo. Santa María (Renca) y Rondizzoni (Santiago), en las mañanas es mucho más lenta ahora que cuando poseía menos pistas y no había tag. Lo mismo ocurre en A. Vespucio Norte en el sector del cruce con Panamericana Norte y Av. Independencia.
Esta situación no es nueva, es tan vieja como la idea de construir autopistas. Venezuela y Los Angeles en USA son casos emblemáticos, ampliamente citados en libros, revistas, papers, artículos y presentaciones técnicas, allí durante los años 70 y 80 las autoridades construyeron todas las autopistas, carreteras, nudos viales, túneles, trincheras y pasos a desnivel factibles de hacer, de hecho no quedo más espacio para hacerlo. El resultado fue que después de años de trabajo y una inversión inmensa la congestión de tránsito estaba peor que al comienzo, y todo lo hecho no había servido de nada. La razón de ello, sencilla, el crecimiento del parque automotriz es más rápido y dinámico que la capacidad de construcción de infraestructura vial y, además, el aumento de oferta vial es el mejor incentivo para la compra de automóviles.
Entonces ¿qué se puede hacer?, pues ante este panorama la solución va por potenciar y mejorar el transporte público. Un sistema de transporte público de alta calidad, con una adecuada infraestructura, con una adecuada regularidad y cobertura es la mejor inversión destinada a la descongestión. Más vías para los buses y menos vías para los autos. Más buses y menos autopistas. Más parques y vías peatonales en función de menos estacionamientos. Las soluciones probadas y acertadas están en este lado de la balanza.
Lamentablemente el Gobierno de Piñera, al igual que el de Bachellet y Lagos han optado por la solución errada. El criterio 100% mercantil de las infraestructuras, en donde cada una de ellas se analiza sólo desde la perspectiva de crear un buen negocio para unos pocos, en función del pago del tag y la destrucción ambiental y la construcción de una ciudad no armónica para sus habitantes es una tónica arraigada en nuestras autoridades.
Hoy se anuncia una nueva autopista urbana, de seguro le seguirán otras, pues la visión miope y errada de las autoridades estará presente por un largo tiempo, pero llegará el día en que no tengamos más espacio para autopistas y las calles de Santiago serán el estacionamiento más grande del mundo, ya que nadie, aunque lo desee, podrá moverse. Ese día nos daremos cuenta del error cometido y seremos otro triste ejemplo como Caracas y Los Angeles en revistas, papers, artículos y presentaciones. La lucha por nuestra calidad de vida urbana está planteada, por ello seguiré insistiendo hasta la majadería en no aceptar y criticar estas decisiones, debemos trabajar por una mejor ciudad.
