Otra Autopista Urbana …. Otro Error

Julio 31st, 2010

Recientemente el Ministro de Obras Públicas, Hernán de Solminihac, ha anunciado la licitación de una nueva autopista urbana para Santiago, la denominada Costanera Central, que unirá la ruta 5 a la altura de Isabel Riquelme, pasando por el Zanjón de la Aguada hasta llegar a Av. La Florida, para luego enfilar por esta arteria hasta Puente Alto. La autoridad anuncia ahorros de tiempo del orden del 65% y con ello promueve esta obra como una acción en pro de la descongestión de Santiago. Los montos a invertir son del orden de los 1.200 millones de dólares, incluido un subsidio del Estado para obras anexas a la autopista propiamente tal.
Estas decisiones del Estado siguen una línea similar a la de los anteriores Gobiernos, ya que desde el Gobierno de Ricardo Lagos en adelante, las autopistas urbanas han sido construidas continuamente y siempre bajo el mismo lema “obras que ayudan a descongestionar Santiago”.
Cualquier análisis al respecto, efectuado sobre cifras y experiencias serias, entrega como resultado que el aumento de la infraestructura vial en zonas urbanas implica en el mediano y largo plazo un aumento de la congestión vehicular. ¿Como sucede esto?, muy simple, los automóviles producen 11 veces más congestión que los buses, ya que transportan 11 veces menos personas en promedio. Luego, sí se construyen más autopistas para automóviles, la gente desea tener más automóviles para no usar los buses, las tasas de crecimiento vehicular se disparan y al poco tiempo las flamantes autopistas están congestionadas. La panamericana entre la salida Dgo. Santa María (Renca) y Rondizzoni (Santiago), en las mañanas es mucho más lenta ahora que cuando poseía menos pistas y no había tag. Lo mismo ocurre en A. Vespucio Norte en el sector del cruce con Panamericana Norte y Av. Independencia.
Esta situación no es nueva, es tan vieja como la idea de construir autopistas. Venezuela y Los Angeles en USA son casos emblemáticos, ampliamente citados en libros, revistas, papers, artículos y presentaciones técnicas, allí durante los años 70 y 80 las autoridades construyeron todas las autopistas, carreteras, nudos viales, túneles, trincheras y pasos a desnivel factibles de hacer, de hecho no quedo más espacio para hacerlo. El resultado fue que después de años de trabajo y una inversión inmensa la congestión de tránsito estaba peor que al comienzo, y todo lo hecho no había servido de nada. La razón de ello, sencilla, el crecimiento del parque automotriz es más rápido y dinámico que la capacidad de construcción de infraestructura vial y, además, el aumento de oferta vial es el mejor incentivo para la compra de automóviles.

Entonces ¿qué se puede hacer?, pues ante este panorama la solución va por potenciar y mejorar el transporte público. Un sistema de transporte público de alta calidad, con una adecuada infraestructura, con una adecuada regularidad y cobertura es la mejor inversión destinada a la descongestión. Más vías para los buses y menos vías para los autos. Más buses y menos autopistas. Más parques y vías peatonales en función de menos estacionamientos. Las soluciones probadas y acertadas están en este lado de la balanza.
Lamentablemente el Gobierno de Piñera, al igual que el de Bachellet y Lagos han optado por la solución errada. El criterio 100% mercantil de las infraestructuras, en donde cada una de ellas se analiza sólo desde la perspectiva de crear un buen negocio para unos pocos, en función del pago del tag y la destrucción ambiental y la construcción de una ciudad no armónica para sus habitantes es una tónica arraigada en nuestras autoridades.
Hoy se anuncia una nueva autopista urbana, de seguro le seguirán otras, pues la visión miope y errada de las autoridades estará presente por un largo tiempo, pero llegará el día en que no tengamos más espacio para autopistas y las calles de Santiago serán el estacionamiento más grande del mundo, ya que nadie, aunque lo desee, podrá moverse. Ese día nos daremos cuenta del error cometido y seremos otro triste ejemplo como Caracas y Los Angeles en revistas, papers, artículos y presentaciones. La lucha por nuestra calidad de vida urbana está planteada, por ello seguiré insistiendo hasta la majadería en no aceptar y criticar estas decisiones, debemos trabajar por una mejor ciudad.

¿Queremos ser la ciudad de las autopistas, o hay un límite para el crecimiento de estas infraestructuras?

Septiembre 11th, 2009
Alvaro Miranda Delgado

Alvaro Miranda Delgado

Las Autopistas Urbanas son una mala solución al problema de congestión de las ciudades. Una Autopista Urbana en el corto plazo aumenta la velocidad de circulación de los automóviles, esto hace que este modo de transporte aumente sus ventajas comparativas respecto del transporte público, luego el automóvil se hace más atractivo y funcional, por ello, en el mediano y largo plazo las tasas de motorización crecen más, aumentando la cantidad de automóviles en la ciudad, por lo que la nueva oferta vial centrada en las autopistas comienza palidecer en función de la creciente demanda de vehículos, hasta que llega un punto en el que colapsa y comienza a congestionarse, volviendo al punto de partida pero con más automóviles que antes. Esta situación es parte del “espiral de deterioro del transporte público”, en donde la apuesta por aumentar la oferta vial a los automóviles ha demostrado ser una pésima estrategia en muchas ciudades en años anteriores (Cáracas, Los Angeles, Ciudad de México, etc.).

Santiago está saturado de autopistas, seguir apostando en infraestructuras de este tipo es reiterar un error de planificación urbana y de transporte de negativas consecuencias.

Las autopistas urbanas presentan una serie de externalidades negativas y problemas diversos. La obstinada política de transporte que generó estas poco aconsejables infraestructuras, desestimó toda racionalidad técnica, pasando por alto aspectos básicos de diseño vial y de operación de tránsito, porque al parecer los aspectos económicos y empresariales prevalecieron sobre la sostenibilidad del transporte urbano y la seguridad de sus futuros usuarios. Por ello, el diseño de estas autopistas no incluyó elementos escenciales para la seguridad, como tampoco la operación y explotación de estas infraestructuras no incluyen las mínimas y debidas medidas de control. A continuación se resumen estos aspectos:

- El diseño de las autopistas urbanas no contempla bermas, por lo que cualquier detención o pane implica una alta probabilidad de una colisión vehicular por alcance. La berma fue descartada del diseño vial de las autopistas para disminuir los costos de construcción, aumentando dramáticamente la accidentabilidad en ellas. De esta manera la seguridad de los usuarios fue mermada en pro la factibilidad económica del negocio.

- A pesar de contar con modernos sistemas tecnológicos para el control de velocidad y calidad de conducción, junto con incorporar en todo momento a Carabineros de Chile en sus Centro de Operación de Tráfico, en las autopistas urbanas no se fiscaliza la velocidad ni la conducción. Esta situación ocurre para no “alejar” a los usuarios de ellas, ya que es sabido que en las autopistas no hay fiscalización. Resulta increíble esta situación, ya que en el lugar en donde existe más tecnología que posibilite la fiscalización y dónde se cometen mas infracciones, no se fiscaliza para no disminuir la demanda. Nuevamente la seguridad de los usuarios fue mermada en pro la factibilidad económica del negocio.

- Las autopistas urbanas cobran peaje a las motocicletas pero no tienen una infraestructura que proteja a los motociclistas ante accidentes, ya que las barreras de contención están diseñadas para contener automóviles y no para motocicletas. Vale mencionar que en la actualidad existen barreras de contención duales, es decir, que son capaces de contener y reencausar a un automóvil, pero también pueden contener a una motocicleta que  pierde el control sin decapitar o cercenar al conductor de esta. El motivo por el que no se incluyó este tipo de elementos de seguridad fue para disminuir los costos. Otra vez la seguridad de los usuarios fue mermada en pro la factibilidad económica del negocio.

- Los malos diseños con accesos y salidas muy juntas hacen de estos puntos verdaderos “cuellos de botella”, los que producen alta congestión vehicular. Resulta paradójico que en horas punta, existan tramos de varios kilómetros de congestión vehicular, con cientos y miles de automóviles detenidos, debido a la congestión producida en puntos que estrangulan la circulación, debido a que las salidas y accesos están muy cerca, por ello los vehículos que desean entrar se topan con los que desean salir, y sí a eso añadimos la proximidad de un semáforo cercano a la vía de salida, la cola de automóviles desde el semáforo llega hasta la misma autopista. La fluidez del tránsito de la autopista se desvanece justo a la hora en que más se necesita, perdiendo todo sentido esta “vía rápida de circulación”. A todo ello hay que agregar que el pago de peaje, la pregunta es ¿Por qué pagar por circular por una vía congestionada?.

- Ante el aumento de la tasa de motorización y el incremento de usuarios de las autopistas, unido al mal diseño vial, la solución impuesta ha sido “aumentar las tarifas”, es decir, la solución a la congestión vehicular ya no es la autopista, sino que la tarifa. De esta manera es mucho más conveniente implementar una tarificación vial en zonas congestionadas que construir autopistas urbanas, ya que, en el mediano plazo la fluidez en la circulación se pierde totalmente.

- Las autopistas a nivel fragmentan el territorio y dividen la ciudad en dos, fragmentando el tejido urbano de la ciudad, a quien le construyen una autopista frente a su casa, rara vez volverá a cruzar al otro lado de ella, ya que una autopista en medio de una ciudad es una barrera que descohesiona el territorio y lo fragmenta.

De esta manera, las autopistas hoy en día están altamente congestionadas, además congestionan sus inmediaciones e incrementan la contaminación. Por otra parte su mal diseño y nula fiscalización han aumentado la accidentabilidad en la ciudad.

Por estos motivos no es razonable, ni aconsejable seguir aplicando este modelo de infraestructura. La solución a los problemas de transporte y movilidad urbana pasan por inversiones en el Transporte Público y por los modos no contaminantes: más vías para los buses, más metro, incorporación del tranvía, más y mejores coiclovías y la peatonalización de calles y paseos. Sólo de esta manera podremos conseguir una ciudad amable, transitable, paseable y sustentable.